28 março 2020

Perfil em "LAS CARAS DE TURNER" - Parte 1


 
Patricia Marques tiene 48 años, es abogada, periodista y vive en Curitiba, Brasil. Está casada  y actualmente trabaja en la Justicia Federal de su país. Aquí comparte lo que ha significado para ella vivir con S.T.

Infancia

Tuve un parto difícil. Cuando nacía yo estaba con el cordón umbilical enrollado en el cuello y fue necesario usar “forceps”. Durante un rápido momento no pude respirar. Mi padre, que es médico, estaba asistiendo al parto y se quedó tan preocupado que más tarde no quiso asistir al parto de mi hermana. Según un antiguo terapeuta mío, yo no quería venir a esta existencia, no con este cuerpo.

Siempre supe que era más pequeña que los otros niños. Por increíble que parezca, desde muy temprano yo ya tenía preocupaciones en relación al futuro. Me preguntaba: “¿Me voy a casar? “, ¿voy a conseguir un empleo?”. Mis preocupaciones terminaron por ser tonterías, pues encontré un gran amor y hoy soy funcionaria pública.

Era una niña nerviosa, pero tenía la espontaneidad, la autenticidad que todo niño tiene. Era extrovertida, siempre estaba cantando, bailando.

Fui diagnosticada con el síndrome de Turner cuando era niña. Las únicas características que he asociado al síndrome son la baja estatura, la infertilidad y los riñones en forma de herradura. Fui medicada, pero pude usar la hormona de crecimiento cuando recién tenía 16 años. En la época crecí poco.

Siempre me encantó leer y cuando tenía ocho años empecé a escribir poesías y pequeños cuentos. Una de las cosas que más me gustaba hacer era jugar al teatrito. Yo cantaba junto con los discos antiguos de mis padres e inventaba novelitas musicales.

¡Por supuesto que tenía brillo! Tuve tres novios de infancia. Uno me pidió en matrimonio. En la época yo tenía ocho años y él fue a hablar con mi padre, que respondió: “Si quieren casarse cuando lleguen a ser adultos, yo los dejo”. Yo llegué a escribir una carta para él en la que aceptaba.

No todo fueron flores. En el jardín de infancia me colocaron en la clase de los niños menores, por prejuicio, entonces mis padres decidieron matricularme en otra escuela. Yo era una niña agitada y quería jugar, entonces hacía las tareas mal para salir pronto, entonces una profesora poco preparada le dijo a mi madre que yo tenía problemas motores y ella se preocupó. Me hicieron un electroencefalograma y los resultados fueron normales. Muchos profesores no están aptos para tratar con los alumnos que tienen algún problema.

Bueno, las dificultades por las que pasé en la pre-escuela no dejaron secuelas, al menos no al parecer. Después de pasar por la adolescencia acabé perdiendo la espontaneidad, dejé de ser exhibida. Tal vez porque terminé teniendo una noción del ridículo. Tal vez porque mi autoestima estaba baja, pero eso pasó. Hoy estoy mejor. Para adelante no es que se camina, verdad?

Texto publicado no blog "Las Caras de Turner" https://lascarasdeturner.wordpress.com/2018/01/11/patricia/

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